La nueva tú está esperando que estés dispuesta a incomodarte

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El domingo estuve en la iglesia y, sinceramente, no he podido dejar de pensar en el mensaje.

El pastor habló sobre Juan 5, la historia del hombre paraplejico que llevaba 38 años junto al estanque de Betesda esperando ser sanado.

He escuchado esa historia muchas veces, pero esta vez algo hizo un clic diferente en mi.

Hubo una frase que se quedó dando vueltas en mi cabeza:

“No resistimos el cambio. Resistimos lo que se requiere para cambiar.”

Y mientras más lo pensaba, más sentía que Dios estaba hablando directamente a una parte de mi vida.

Porque a veces he creído que existe una versión final de mi.  Como si llegáramos a cierto nivel de crecimiento, de éxito, de madurez o de seguridad y ya hubiéramos terminado el trabajo. Me pasó que llevaba más de 5 años construyendo mi nueva versión y cuando lo logré pensé que ya lo había hecho todo. 

Pero la realidad es que la vida siempre nos está invitando a convertirnos en una nueva versión de quienes somos.

Siempre.

No importa cuánto hayas crecido.  No importa cuánto hayas sanado.No importa cuánto hayas logrado.

Siempre existe una siguiente versión de ti esperando que estés dispuesta a crecer para conocerla, porque siempre estamos buscando alcanzar un nuevo logro, cumplir un nuevo reto o tener algo más. 

Y creo que ahí es exactamente donde me encuentro hoy.

Durante los últimos años he trabajado muchísimo en mí, he sanado heridas, he construido hábitos sanos, he fortalecido mi fe, he aprendido a confiar más en mí misma, he creado proyectos que alguna vez parecían imposibles, me divorcié y ahora estoy en una relación soñada.

Y estoy profundamente agradecida por la mujer en la que me he convertido.

Pero también me he dado cuenta de algo incómodo: 

Me acostumbré a esta versión de mí.

Me volví cómoda aquí.

Y aunque no hay nada malo con celebrar cuánto hemos avanzado, sí hay algo peligroso en quedarnos demasiado tiempo en un lugar que ya dominamos, porque el crecimiento rara vez ocurre en la comodidad. Las promesas que Dios ha puesto delante de nosotros siempre exigen una nueva versión de nosotros para poder sostenerlas.

Y últimamente siento que Dios me está mostrando justamente eso.

Puedo ver promesas comenzando a cumplirse.

Puedo ver puertas abriéndose.

Puedo ver oportunidades alineadas con mi propósito.

Pero también puedo sentir que esas promesas requieren más de mí.

Más confianza.

Más disciplina.

Más valentía.

Más responsabilidad.

Más fe.

Más crecimiento.

Y eso me llevó a una pregunta que no he podido dejar de hacerme:

¿Estoy lista para dejar ir la versión de mí que me trajo hasta aquí para convertirme en la mujer que me llevará al siguiente nivel?

Porque esa nueva tú no aparece por accidente, la nueva tú aparece cuando decides hacer las cosas incómodas, cuando dejas las excusas, cuando dejas de justificar por qué no puedes, cuando asumes responsabilidad, cuando haces espacio para que Dios trabaje en áreas que todavía necesitan transformación.

Algo que también me impactó del mensaje fue entender cómo nuestro entorno termina condicionando lo que consideramos normal.

Si te rodeas de personas que viven quejándose, la queja se vuelve normal. Si te rodeas de personas que viven justificándose, las excusas se vuelven normales. Si te rodeas de personas que abandonaron sus sueños, eventualmente comenzarás a creer que abandonar también es normal.

Por eso es tan importante cuidar lo que escuchamos, lo que consumimos y las personas con las que caminamos.

Porque nuestro entorno siempre está formando nuestra identidad. Y al final, la historia del hombre de Betesda no es solamente una historia de sanidad. Es una historia de identidad. Durante 38 años fue conocido por su condición. Su identidad estaba ligada a aquello que lo limitaba. Pero pasa algo asombroso, que es lo que me lleva a toda esta reflexión: cuando Jesús lo sana, ya el hombre no puede seguir siendo el mismo hombre, no puede seguir siendo el mismo paraplejico que siempre esperaba ayuda de otros, que no podía hacer nada por su cuenta. Ahora este hombre necesita una nueva identidad, una nueva forma de verse, una nueva forma de vivir.

Y creo que eso es exactamente lo que Dios hace con nosotros.

No solo quiere cambiar nuestras circunstancias.

Quiere transformarnos.

Quiere prepararnos para convertirnos en las personas capaces de sostener las bendiciones que está preparando.

Por eso tomé una decisión: No quiero esperar a que llegue una nueva versión de mí.

Quiero construirla intencionalmente. Así como hice hace muchos años, hacerlo hoy adaptado a las necesidades que esta nueva identidad requiere de mi y quiero documentar el proceso.

Quiero mostrar las victorias, los desafíos, las dudas y los pequeños hábitos que crean grandes transformaciones.

Y por eso nació algo que me emociona muchísimo.

Durante los próximos 90 días voy a documentar mi proceso en una serie que se llama:

“90 días para convertirme en mi Nueva Tú.”

No lo quiero describir como un reto para bajar de peso porque no se trata de una transformación física ni de una dieta (porque estos son hábitos que ya tengo integrados en mi vida). Esto es un proceso de identidad.

Un compromiso conmigo misma para convertirme en la mujer que necesito ser para caminar plenamente en el propósito que tengo en mi vida.

Y quiero invitarte a caminar conmigo.

Porque quizás tú también sientes que hay una versión más fuerte, más segura, más disciplinada, más libre y más alineada con Dios esperando dentro de ti.

Quizás tú también sabes que es tiempo de incomodarte.

Quizás tú también puedes sentir que hay algo más esperándote al otro lado de tu zona de confort.

Si es así, te invito a seguir mi proceso en Instagram @joycearrietahc 

Voy a compartir cada paso del camino.

Porque tal vez la transformación que estás esperando no comienza cuando cambian tus circunstancias. Tal vez comienza el día que decides convertirte en una nueva tú.

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